jueves, 5 de noviembre de 2015

La importancia de la recuperación de la memoria histórica para la recuperación del tejido social y la exigibilidad de derechos.

La importancia de la recuperación de la memoria histórica para la recuperación del tejido social y la exigibilidad de derechos, sustenta sus bases en el concepto de la cognición social. Este concepto basa su metodología en los avances forjado por las ciencias de la información y la neurociencia, con el fin de estudiar procesos psicológicos como la memoria en este caso y su influencia en las ciencias sociales, marcando la interdependencia que existe entre la cognición social y la misma acción social. Así el contexto social tomará importancia en los estudios de los procesos psicológicos en la medida que influirá en las interpretaciones que la persona dará de la situación, y de cómo las personas contextualizadas tratarán de pensar el problema con la intención de resolverlo e intentar actuar en él. Específicamente el trabajo de la memoria como proceso en la cognición social buscará la reconstrucción del pasado en el presente con la intención psicológica de reconstruir la historia a partir de un recuerdo colectivo, centrado en acontecimientos tanto personales como colectivos. Así la memoria será un paso fundamental en la obtención de un grado mayor de salud mental que permita confirmar la identidad personal y colectiva de la comunidad involucrada y con esto reparar el tejido social rasgado por la mentira institucionalizada y la polarización social.

La comisión de la verdad que arrojo sus resultado en 1995, buscaba justamente realizar el proceso de recuperación de la memoria histórica, con el fin de esclarecer los hechos y dar cuenta de la realidad social que se había vivido, en tanto como ideología buscaba dar de baja la mentiras del estado y la eximición de culpas que pretendían mantener, dando como resultado una institucionalización de la verdad.

El recuerdo de los hechos históricos dará lugar a entender y significar los acontecimientos. Será entonces de vital importancia para los que quedaron, para los que perdieron a alguien en la masacre, entender que sucedió, como, cuando, donde, a quienes y fundamentalmente por qué, con el fin de poder re orientar sus propias vidas en función de la verdad; pero será la ausencia de respuestas y las mentiras aquellas que forjarán el fatalismo y el trauma psicosocial. La exigencia del olvido ante la aparición de la verdad como una condición para la recuperación social se basa en tres razones que tienen los victimarios: la continuación de su ejercicio de poder, la apropiación del imaginario colectivo en la medida de la prórroga del poder que permitirá continuar la manipulación de la verdad y los esfuerzos de reducir la salud mental. El olvido será igualmente ideológico. Negar el pasado buscará la construcción sin arraigo del futuro que crecerá de manera inconsciente a la verdad, en el deseo de encubrir y mantener la impunidad de la mentira institucionalizada y la fabricación de recuerdos autoimpuestos en un imaginario controlado que busca dejar mejor parado a los victimarios que se excomulgan de la verdad.
Así, de nuevo, la importancia de la memoria histórica radicará en recatar el presente y la significación de los hechos pasados, con la importancia que tienen y tendrán en el discurso y la actualidad. Se re significará los eventos encubiertos y las mentiras planeadas con el fin de revelar el verdadero significado.

Tal como plantea Leone citado en Gaborit, 2006:
«La memoria entendida como acto de responsabilidad hacia el pasado introduce, de hecho, la dinámica de la relación entre las generaciones, y evidencia, la responsabilidad subjetiva de deber ejercitar una transmisión de contenidos a los sujetos que vengan detrás, con todo el peso de la incertidumbre y el riesgo que tal proceso, por su naturaleza selectiva, conlleva» (p. 15).

Frente a lo anterior es importante señalar que en el caso de la masacre de Trujillo, las víctimas, en su mayoría eran agricultores inocentes que pagaron con sus vidas el habitar un territorio influenciado por el conflicto armado, así pues, se puede identificar alrededor de esta situación como las familias de las víctimas en su mayoría, abogan por mantener vivo el recuerdo de sus seres queridos fallecidos en la masacre, de manera que muchas de estas familias y la comunidad en general se impone la meta de limpiar el nombre de sus miembros y de devolverles la dignidad que se les ha sido robada. En función de lo anterior, se ha identificado que se ha brindado cierto privilegio a los victimarios y su memoria, en contraposición con las víctimas, esto identificado en leyes como la 975 del 2005 sobre el proceso de desmovilización y reincorporación a la vida civil de paramilitares (Moreno, 2011).

Además, se debe señalar que al hablar de memoria histórica y recuperación del tejido social, es importante recapitular los hechos acontecidos, de manera que se narre el papel real que jugaron todos los implicados en la situación, tanto las víctimas como victimarios, en los últimos encontrándose responsabilidad de las fuerzas militares y organismos del estado, identificándose la modificación u omisión de los hechos en los medios televisivos e impresos, dándole un papel preferencial a los victimarios como se nombró anteriormente y librándose de culpa u ocultándose la que tuvieron las fuerzas militares, permitiendo el desarrollo de los hechos, de manera que se vuelve rutina o naturaliza este tipo de violencia que acontece en la sociedad colombiana (Moreno, 2011).

Así pues, debe agregarse que la masacre de Trujillo sigue impune, al no existir ningún tipo de fallo condenatorio hacia los victimarios de esta situación, pese que la fiscalía confirmo las ejecuciones extrajudiciales que se llevaron a cabo en contra de los campesinos que fueron acusados de guerrilleros y asesinados por paramilitares y narcotraficantes. Es por esto que se debe resaltar que por más que se ha realizado un proceso de recuperación de la memoria histórica de esta población, es importante esclarecer la veracidad de los hechos, para poderse garantizar los derechos de las víctimas de esta masacre, en búsqueda de la justicia, para garantizarse de esta manera la reparación integral que propone la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (Moreno, 2011).

Frente a lo anterior, cabe resaltar que alrededor de la masacre de Trujillo se ha llevado a cabo un proceso de recuperación de la memoria histórica en el cual se encuentra la construcción del monumento a la víctimas de esta masacre que fue financiado por el estado, el cual brindo recursos permitiendo a las víctimas, de la mano con ONG’s construir un parque en el cual trasladaron los osarios de 90 de estas víctimas, poniéndoles placas su nombre y una ilustración en relieve de los oficios que realizaba, con el objetivo de devolverle la integridad a estas personas y eliminar el estigma de su papel de colaboración con las guerrillas. Además, se construyó una capilla y mausoleo en la cual se encuentran los restos del padre Tiberio Fernández, al cual se realiza una peregrinación anual. Por otro lado, es importante agregar que como iniciativa de un personaje perteneciente al Ministerio de la Cultura, se diseñaron unas balsas de guadua que constaban de una vela en la cual se encontraban los rostros de las víctimas, las cuales fueron arrojadas al rio Cauca, con la finalidad de colaborar con este proceso de duelo y reparación de las familias de las víctimas; alrededor de esta actividad también se desarrollaron talleres a los pobladores (Moreno, 2011).

Así pues, alrededor de lo nombrado anteriormente cabe señalar la ley 1448 del 2011 o ley de reparación de víctimas, brinda a los ciudadanos colombianos el derecho a la verdad, justicia y reparación con garantía de no repetición, de manera que se les reconozca su condición de víctima y dignifique a través de la materialización de los derechos constitucionales (Ley 1448, 2001). Es por esto que para recuperar el tejido social de esta población, es importante realizar un proceso de reparación de las víctimas que incluya la recuperación de la memoria histórica a partir de la reconstrucción de los hechos, en donde se narre la situación de manera verdadera, con la finalidad de limpiar el nombre de las víctimas y realizar el debido proceso de restauración, en donde se imputen las debidas consecuencias a los victimarios, que no son solamente los narcotraficantes o paramilitares, sino que también se obligue al Estado a asumir la debida responsabilidad en esta situación.

Esto último permitiendo a esta población el fortalecerse y empoderarse, recuperando la confianza en la fuente de organización del país, que en este caso es el Estado y logrando asumirse como una comunidad fructífera que atravesó una situación debido a su susceptibilidad perteneciente a su ubicación territorial, a partir de la cual se le adjudicó la supuesta pertenencia o colaboración a grupos armados al margen de ley. Frente a esto, es importante brindar la capacidad de duelo y reconstrucción de los hechos ejecutando los debidos procesos en los cuales se trabaje con los victimarios, permitiéndosele a la comunidad, ser partícipe de este proceso en el cual deben de llevarse a cabo las debidas acciones legales junto con la respectiva restauración psicológica y moral. 



Referencias

Gaborit, M. (2006). Memoria histórica: Relato desde la víctimas. Pensamiento Psicológico, 2, (6), 7-20.

Congreso de la Republica. (10 de junio el 2011). Ley de víctimas. [Ley 1148 de 2011]. DO: 48096.

Gaborit, M. (2006). Memoria histórica: Relato desde la víctimas. Pensamiento Psicológico, 2, (6), 7-20. 

Moreno, D. (2011). Volver la mirada a Trujillo y El Salado: impunidades, silencios y batallas por la memoria. Recuperado de http://conti.derhuman.jus.gov.ar/2011/10/mesa_22/moreno_mesa_22.pdf





PRODUCTO 

"Recuperación de la memoria histórica para la recuperación del tejido social "Masacre de Trujillo""




lunes, 2 de noviembre de 2015

Sistematización del Caso: La masacre de Trujillo

Para comenzar, la masacre de Trujillo es el nombre que se le adjudica a la serie de hechos que acontecieron en los municipios de Trujillo, Riofrío y Bolivar entre las fechas de 1986 y 1994. En relación a lo anterior, es importante señalar que las décadas de los 80’s y 90’s en Colombia se caracterizan por ser periodos de guerras y masacres en los cuales se degrada el conflicto armado del territorio siendo la principal víctima la población civil (Moreno, 2011). De igual manera, es importante resaltar que es en este mismo periodo cuando el narcotráfico empieza a financiar los grupos armados colombianos al igual que surgen las AUC como medio de supuesto control y erradicación de estos grupos, presentase una notoria inactividad o falta de control de los organismos públicos de poder en estas situaciones (Patiño, 2012).

Desde esta perspectiva es importante iniciar contextualizando al lector alrededor de los municipios en los cuales sucedieron los hechos. Trujillo, Riofrío y Bolivar son municipios ubicados en el Valle del Cauca, siendo caracterizadas la época de 1800 y 1900 principalmente por el trabajo en el campo al ser sectores rurales. Tal y como se agregó anteriormente, este periodo temporal en Colombia se caracterizó por la violencia propiciada por los grupos armados ilícitos del país, siendo más proclives a ser afectados o a generar lazos con estos grupos armados aquellas poblaciones que se encontraban ubicadas en territorios rurales y con ubicaciones estratégicas para el cultivo. En función de lo anterior, es importante señalar que la razón por la cual se desarrollaron estas masacres es debido a la creencia de la existencia de lazos entre la población de estos municipios y el ELN, de manera que el Estado, como acto de contrainsurgencia, genera una alianza entre el narcotráfico y las fuerzas de seguridad como la policía y el ejército realizando una gran masacre en la región (Melo, 2008; Moreno, 2011; Silva-Cañavelar, 2012).

En este orden de ideas, es importante señalar que estos actos delictivos constaron de desapariciones forzadas, torturas, homicidios selectivos, detenciones arbitrarias y masacres entre las cuales se encontraban muchas torturas pertenecientes al narcotráfico en las cuales se encuentra la mutilación de los cuerpos de las víctimas, uso de motosierras y la acción de arrojar cadáveres o sus fragmentos al rio Cauca. Además, es importante señalar que estos hechos se desarrollaron de tal manera que se generalizo una estrategia en la cual se realizaban homicidios selectivos y desapariciones en lugares y momentos distintos evitándose así el establecimiento de conexiones entre estos, impidiendo el reconocimiento público de estos hechos como una causa única. En esta masacre fueron cometidos aproximadamente 245 homicidios (Melo, 2008; Silva-Cañavelar, 2012).

En función de lo anterior, es importante señalar que el impacto psicosocial  en la población parte desde cuestiones más económicas como la generación de pobreza debido al asesinato de individuos fundamentales para familias en cuestiones de producción, al igual que el asesinato de personajes claves para las comunidades como enfermeras, sacerdotes, dirigentes políticos, comerciantes, entre otros. En relación a lo anterior, es importante señalar que una de las personas asesinadas fue el padre Tiberio Fernández que era un líder de la comunidad y organizados de las cooperativas de campesinos, el cual fue señalado como perteneciente a las guerrillas debido a su crítica hacia hechos que se encontraban sucediendo en la comunidad, de manera que fue torturado, asesinado y lanzado al rio Cauca (Melo, 2008; Moreno, 2011). 

Además, es importante señalar que el número de personas desplazadas es alto, generándose una ruptura en las redes sociales de estas comunidades y una obligatoriedad a migrar a la cuidad. Asimismo, al identificarse las autoridades como agentes activos en estos hechos, se generó una alta desconfianza de la población hacia estos grupos, de manera que actualmente los conflictos que se presentan en estos municipios no se resuelven o se pasan por alto. Por otro lado, la incapacidad de poder recuperar los cadáveres de las personas asesinadas y la profanación de estas, impide el proceso de duelo de estos individuos, de manera que las víctimas no han podido elaborar su proceso de duelo teniendo heridas abiertas y una gran incapacidad de recuperar su memoria histórica y dignidad de su comunidad (Melo, 2008; Moreno, 2011). 

A partir de la anterior contextualización es posible analizar los roles de víctimas y victimarios, las consecuencias en la comunidad y el papel del estado en los acontecimientos previamente descritos, al tiempo que es posible establecer una relación directa entre cada uno con los conceptos de violencia, poder, fatalismo, el ya nombrado trauma psicosocial y la mentira institucionalizada. Así las víctimas de esta masacre serán directamente los miembros de la comunidad (Martín-Baró, 2000) de cada uno de los municipios implicados al tiempo que la violencia, en su trasfondo ideológico (Martín-Baró, 2000), como un intento de acabar con las fuerzas de ELN, el estado realiza la alianza narcotraficante y con las nacientes AUC, dando inicio a la base del acto violento. Y Así el papel del estado empieza a realizar a hacer su aparición, en tanto como victimarios, buscaron reducir las culpas, dando explicaciones individuales de sus actos que culpaban los actos de los demás y explicaciones en masa que justificaban a unos muchos más, e intentando dejar atrás el peso del sistema social con sus normas y justificaciones acerca de los actos de violencia. Del mismo modo, el estado, en el ejercicio del poder, pasaron desapercibidos como una relación normal de estado-pueblo cuando de manera sutil se formó de manera violenta ante el sometimiento de los pueblos y sus miembros (Orellana, 2008). Igualmente, de una manera sutil, el poder va hundiendo más a aquellos que lo carecen y favoreciendo a aquellos que lo poseen (Orellana, 2008), y en el caso de los victimarios como las AUC, Diego Montoya y Henry Loaiza, fue la puerta de entrada ante la colaboración gubernamental que en los tiempos futuros les permitió expiar culpas antes la aceptación del gobierno de los hechos dado en la comisión de la verdad. Del mismo modo, el nacimiento reciente de la necesidad de una comisión de la verdad que pusiera en tela de juicio la memoria histórica de los actores de la masacre con el fin de enmarcar dentro de la verdad los hechos sucedidos en estos años, destaca la mentira institucionalizada, en cuanto el mismo gobierno en su intento de expiación de culpas y limpiarse las manos, se enmarco en la mentira y la polarización de la población al abdicar a la culpa a únicamente los grupos ilegales; y finalmente ha sido la verdad histórica la que ha salido a la luz a tumbado el intento de exculparse, teniendo que aceptar la culpa y pedir el perdón.

Ahora bien, el papel de la comunidad se enmarca dentro del fatalismo en la medida que las posteriores consecuencias demuestran la perpetuidad de la desigualdad sin el más mínimo atisbo de violencia, solo ideología (Orellana, 2008), en la misma creencia y desconfianza que la comunidad tiene ante las posibles acciones del estado futuro, y del mismo modo, al ponerlos en situaciones y contexto difíciles y de carencia, asumen que ese presente en el cual se encontraban será una situación existencial que no tendrá salida, a la cual  pertenecerán de manera indefinida en el tiempo y de la cual solo podría esperarse un desenlace fatal.

Referencias

Martín-Baro, I. (2000). La violencia política y la guerra como causas del trauma psicosocial en El salvador. En: Martín Baró, I. & Colab. (2000) Psicología Social de la Guerra. El Salvador: UCA Editores. Págs. 65-84

Melo, V. (2008). La masacre de Trujillo y los mecanismos del terror. Recuperado de http://www.semana.com/on-line/articulo/la-masacre-de-trujillo-los-mecanismos-del-terror/95142-3

Moreno, D. (2011). Volver la mirada a Trujillo y El Salado: impunidades, silencios y batallas por la memoria. Recuperado de http://conti.derhuman.jus.gov.ar/2011/10/mesa_22/moreno_mesa_22.pdf

Orellana, C. (2008). La Obra de Ignacio Martín Baró: Conceptos Fundamentales 

Paz, O. A. (2004).  La tortura.  Efectos y afrontamiento.  Estudio Psicosocial.  Guatemala: ECAP.

Patiño, J. (2012). Violencia y conflicto armado en Colombia. Recuperado de https://latierrayelhombre.wordpress.com/2012/04/28/violencia-y-conflicto-armado-en-colombia/

Reed, M. (2013). Polarización Social. En: El Colombiano. Recuperado de: http://www.elcolombiano.com/polarizacion_social-PBEC_245956


Silva-Cañavelar, S. (2012). La violencia en Colombia: una perspectiva desde el arte. Revista nodo, 7(13), 43-56.