sábado, 17 de octubre de 2015

3. Análisis de la problemática escogida a la luz de los conceptos: Violencia, Polarización Social, trauma psicosocial y mentira institucionalizada.

A continuación se realizará el análisis de la problemática seleccionada a la luz de los conceptos de violencia, polarización social, trauma psicosocial y mentira institucionalizada. Para comenzar, la violencia se refiere al momento en el cual, cuando el poder desde la ideología pierde su influencia o incluso su mismo poder, aquellos con él optarán por el siguiente nivel: la tortura, la opresión política, el asesinato, la vida opresiva. Martín Baró destaca dentro de sus estudios la importancia de ver a la violencia más allá de un solo hecho que causa daño, si no como un compendió de trasfondo ideológico que será la base para el acto violento. Destacará la importancia de como el sistema busca reducir las culpas, da explicaciones individuales que culpan a unos pocos o explicaciones en masa que justifican a unos muchos más, dejan atrás el peso del sistema social con sus normas y justificaciones acerca de los actos de violencia (Orellana, 2008). 

Así, desde el conflicto armado colombiano es notable como entre los bandos enfrentados, la violencia se trata de un compendió ideológico, de aquello que cada uno de los está creyendo que es lo correcto y al mismo tiempo que es el deber ser de la manera como el país debería gobernarse y mantenerse. Es destacable además como ambos bandos dentro del conflicto intenta minimizar las culpas en función del daño que hacen a las victimas ajenas al conflicto, pero al mismo tiempo intentan hacer responsable a los otros, y así es como el gobierno culpa a los grupos armados ilegales, y estos al gobierno, en un círculo vicioso, que deja de lado y entierra la importancia y el impacto social, y buscan justificaciones para intentar evadir las normas y mecanismos que penalizan los actos violentos. 

Otra de las particularidades de la violencia es la evolución del conflicto armado colombiano tal como sucedió con el salvadoreño; así se pasó de una guerra mantenida por el terrorismo del estado, a una guerra dirigida por un orden militar (Martín-Baró, 2000). De este modo ahora es destacable como existen zonas militarizadas, tanto por el gobierno por un lado, como por los grupos armados por el otro lado, y así es como se conocen pueblos que ahora no están poblados por civiles, si no por los mismo grupos tanto legales como ilegales, en una guerra constante por la mejor ubicación que permita la mayor ocupación de los puestos claves que permitan una ventaja sobre el conflicto. Y a partir de esto, las ocupaciones se vuelven en el pretexto para realizar acciones militares aparentemente "justificadas" en función de acabar el conflicto pero que lo que realmente hace es perpetuarlo. 

Por su parte la polarización social se refiere a la identificación de las personas de la sociedad con alguno de los bandos del conflicto; será un proceso dirigido a que la sociedad tenga cierta identidad personal con el fin de generar dos opuestos bandos que son repelentes entre sí, y en la cual dependiendo de la extremidad de la posición, que podrá saber con qué bando se está: ellos o nosotros (Reed, 2013); en la misma línea, Martín-Baró (2000) describió a la polarización social como una condición psicológica necesaria para la guerra, al evitar que las personas hagan ejercicio de representación interiorizado, y así la polarización anula la conciencia de mentalidad o de sensibilidad, siendo el camino más fácil para justificar todas las acciones que podrían ser incluso ilegítimas. 

El mejor caso de una polarización social que puede tener nuestro conflicto armado fue el dado en el periodo de la presidencia Uribe, en la cual la sociedad colombiana se polarizo de manera radical a la ideología política imperante que buscaba acabar con los grupos armados ilegales, en tanto otro afianzaban su creencia de apoyo en estos. Del mismo modo hoy en día vivimos un proceso de polarización social, en cuanto aquellos que se oponen al proceso de paz como aquellos que están a su favor, y se nota como el gobierno colombiano y la fuerza armada han puesto en marcha planes que buscan ganar el seguimiento de los colombianos en base a los ideales de la supuesta paz a conseguir. Así mismo, en su momento, la polarización social fue evidente en el país en aquellos debates continuos en la época de los secuestros, en la cual ambos bandos enfatizaban el antagonismo constante del otro grupo, agrandando las fuentes del odio entre los grupos. El proceso de paz, que se supone busca la intensión de la despolarización social a la luz de la unión de ambos bandos por este fin, ha encontrado en los grupos opositores y quienes favorecen la nueva fuente de una futura polarización en el país. 

Desde las masacres, es evidente como la polarización social juega un papel fundamental, en tanto se justifican y se da incluso valor a las masacres que pueden surgir del conflicto entre ambos bandos, como un intento de continuidad del conflicto enmascarado en la solución del mismo. Las acciones son deshidratas de sus consecuencias y enmarcan dentro de lo legítimos como respuestas al opresor o al atacante, y las victimas quedan tanto vulneradas como desamparadas. Retomando el proceso de paz, la ilegitimación de las acciones de los grupos armados bajo el cobijo de la consecuencia de la paz, es la fiel muestra de la polarización social y de la anulación de la mentalidad y la conciencia de quienes lo apoyan a las consecuencias directas de las masacres y las confrontaciones del conflicto. 

Así pues, al abordar la problemática de las masacres en Colombia desde el concepto de trauma psicosocial es importante agregar que las masacres hacen parte de la memoria histórica de una determinada comunidad, de tal manera que el trauma generado en la misma en función de este hecho repercute en el tejido social, en el cual se hallan los sentidos y proyectos de vida de las personas pertenecientes a estas comunidades. Alrededor de lo anterior, es importante comentar que estos traumas, generan un impacto psicológico en las personas y los grupos, de tal manera que su funcionamiento normal se va a ver alterado. En este sentido, se debe comentar que estas comunidades nombradas anteriormente, cargan consigo una historia manchada de sangre y de dolor, en la cual se ha configurado un sentimiento de desconfianza y de temor constante, como se evidencia en las comunidades del Alto Naya, las cuales se sienten incapaces de regresar a su territorio originario a raíz del temor de ser nuevamente atacados (Ackermann, et al., 2005; Martín, 1999a, 1999b; Paz, 2004).

En este orden de ideas, es importante señalar que a la hora de trabajar con estas comunidades es importante hacerlo alrededor de la significación que se le ha atribuido a la situación traumática, que en este caso son las masacres, de manera que se pueda intervenir alrededor de las estructuras de poder, ya que la mayoría de estas situaciones se encuentran relacionadas no solo con grupos subversivos sino que también con grupos paramilitares y con la misma fuerza de seguridad encarada de mantener un supuesto orden en el país. Así pues, es importante agregar que las consecuencias de estas situaciones no solo han tenido repercusiones a nivel individual, sino que también estos sentidos asignados se instauran en los sentidos colectivos de estas comunidades (Ackermann, et al., 2005; Martín, 1999a, 1999b; Paz, 2004).

Es por esto que para lograr comprender estos significados, se debe indagar en la manera en la cual estas personas han significado estas situaciones, con la finalidad de identificar cual es el tejido social que se ha construido y poder repararlo, por medio del trabajo conjunto con estas comunidades que han sido afectadas a través del paso de sus generaciones debido al hecho que se carga en su memoria histórica.  En función de lo anterior, debe señalarse que este trauma psicosocial hace parte de la historia de la comunidad y de lo que es en un presente, de manera que se deben comprender las masacres como acontecimientos consecuencia de la violencia presentada en el país debido a las disputas del poder y territorio, comprendiéndose que han sido actos delictivos en los cuales se han cobrado víctimas inocentes o “mártires” que vivirán en la memoria de un pueblo y que deben resarcirse a partir de la ley de victimas vigente en Colombia.

Por último, en función del concepto de mentira institucionalizada, es importante señalar que este término hace alusión a la imposición de una realidad a una comunidad, que es ajustada a conveniencia de los organismos de control, con la finalidad de ocultar hechos en los cuales pueda verse afectada su reputación. En función de lo anterior, se instaura en las comunidades sentimientos de desconfianza hacia estor organismos de control e instituciones públicas, de manera que estas imposiciones se implementan en la cotidianidad de estas personas, como medio de supervivencia, incorporándose en su realidad como una imposición (Gaborit, 2006).

En relación a lo anterior, es importante señalar que a la luz de las masacres realizadas en el contexto colombiano, se encuentra una notable falta de información alrededor de los verdaderos victimarios y de las razones que los llevaron a esto, de manera que en los noticiarios y diarios del país, se utiliza la técnica de “cortina de humo” en la cual se ha adjudicado constantemente estos asesinatos a los grupos subversivos más conocidos del país que son las Farc y el ELN, de manera que por años se ha dejado impune a grupos armados como lo son las AUC (paramilitares) y la misma fuerza pública que ha sido partidaria de muchas de estas masacres (García-Arboleda, 2010).

Es por esto, que es de suma importancia tener en cuenta que las comunidades, a partir de su memoria histórica que es transmitida de generación en generación, guardan los conocimientos reales alrededor de los sucesos acontecidos en su territorio y que afectaron a sus familias y personas más cercanas. Así pues, se señala que estos individuos poseen gran desconfianza hacia los organismos de control del país puesto que se han “maquillado” u ocultado los hechos reales que se han generado en estas comunidades, generándose una desconfianza hacia el estado y la fuerza pública que ha sido cómplice o no ha evitado la sucesión de estos hechos. Por ultimo, es importante señalar, que alrededor de este concepto y de la problemática elegida, es común en el territorio colombiano la existencia de este tipo de situaciones en las cuales se quedan impunes ante hechos delictivos, en la medida que a los organismos de control no les conviene que su reputación se vea afectada por encontrarse relacionados con determinadas situaciones delictivas acontecidas en el país, así pues, situaciones como estas quedan olvidadas o son modificadas, ocultándose los hechos reales que son propiciados en ocasiones por grupos que han sido creados por estos organismos (paramilitares) y que trabajan de la mano de grandes terratenientes con el fin de poseer mayor número de territorios y de producto bruto interno PBI. 

Referencias

Ackermann, S., Domínguez, M., Soto, N., Kjaerulf, F., Berliner, P., y Mikkelsen, E. N.  (2005). Psycho-social support to large numbers of traumatized people in post-conflict societies: An approach to community development in Guatemala.  Journal of Community and Applied Social Psychology, 15, 136-152. 

Gaborit, M. (2006). Memoria Histórica: Relato desde las víctimas. Pensamiento Psicológico, 2(6), 7-20. 

Martín-Baro, I. (2000). La violencia política y la guerra como causas del trauma psicosocial en El salvador. En: Martín Baró, I. & Colab. (2000) Psicología Social de la Guerra. El Salvador: UCA Editores. Págs. 65-84

Martín Beristain, C.   (1999a). Reconstruir el tejido social.  Barcelona: Icaria.

Martín Beristain, C.  (1999b). Afirmación y resistencia.  La comunidad como apoyo.  En P. Pérez Sales (coord.), Actuaciones psicosociales en guerra y violencia política.  Madrid: Exlibris

Orellana, C. (2008). La Obra de Ignacio Martín Baró: Conceptos Fundamentales 
Paz, O. A. (2004).  La tortura.  Efectos y afrontamiento.  Estudio Psicosocial.  Guatemala: ECAP. 


Reed, M. (2013). Polarización Social. En: El Colombiano. Recuperado de: http://www.elcolombiano.com/polarizacion_social-PBEC_245956

2. Descripción de la situación de dicha problemática en el país.

Para hablar de las masacres que han sido generadas en el contexto colombiano es importante partir de un recorrido histórico que se delimita en un periodo previo a la violencia en Colombia y uno posterior. Para comenzar, es importante nombrar la masacre de las bananeras que aconteció en 1928 en el Magdalena, la cual surgió a raíz de la huelga generada por los trabajadores de la United Fuit Company los cuales buscaban a partir del sindicato, mejorar sus condiciones de trabajo. Tras dos días de huelga con un gran número de empleados en ella, el gobierno colombiano se hizo cargo de esta situación, abriendo fuego contra estos individuos y asesinando a un gran número de estos trabajadores (Cortés, 2009; Leiteritz, Nasi y Rettberg, 2009).

A continuación se hace alusión a la época de la violencia en Colombia puesto que es en esta donde acontecen los hechos más violentos y el mayor número de víctimas en el territorio. Frente a lo anterior es importante señalar que Colombia ha sido un país que ha vivido alrededor de 60 años atravesado por una dinámica de violencia en la cual se encuentran diferentes intereses a nivel económico, político y social y que se han visto marcados en su mayoría por el narcotráfico. En este sentido, se hará alusión a las masacres mas significativas y con mayor información encontrada desde fuentes confiables, agregándose que son demasiadas las masacres que se han llevado a cabo en el territorio colombiano pero en las cuales no se ha ahondado. 

En este orden de ideas, es importante resaltar que esta historia de la violencia en colombia inicia entre 1930 y 1947 con la lucha entre los partidos políticos liberales y conservadores en los cuales se debatían cuestiones como son las ideologías, la religión, el poder, entre otros. Así pues, surge el segundo periodo entre 1948 y 1953 en el cual se enfrentan los campesinos alrededor de dos bandos, los liberales y los conservadores creándose las guerrillas que eran grupos al margen de la ley y los pájaros. A continuación, inicial el periodo entre 1953 y 1957 en el cual se establece el régimen del dictador Rojas Pinilla en el cual las guerrillas liberales regresan al campo. Además, surge el periodo entre 1957 y 1960 en el cual se solidifican las guerrillas liberales influenciadas por la revolución cubana e ideologías marxistas, leninistas, entre otras como son Las FARC, el ELN y el EPL. Por último, entre 1996 y el 2006 se consolidan formalmente las Autodefensas Unidas de Colombia AUC que son grupos de extrema derecha, también llamados paramilitares (Patiño, 2012).

Alrededor de lo anterior es importante señalar que las guerras y enfrentamientos entre estos grupos armados han tenido como consecuencia la generación de un sinnúmero de masacres en Colombia, las cuales se han caracterizado principalmente por una lucha entre bandos por el poder político, económico y social. Frente a esto, es importante resaltar que estos enfrentamientos se han presentado principalmente en el área rural, produciendo un gran número de víctimas a costa del uso de la violencia y las armas. Así pues, a continuación se realizará un recorrido histórico en función de las masacres más significativas en el contexto colombiano.

Para comenzar, es de gran importancia nombrar las masacres cometidas en el territorio de Urabá entre los años 1988 y 2002 tanto por los paramilitares como por las guerrillas, de lo cual se puede resaltar la incursión de los primeros en el año 1988. En este territorio se llevaron a cabo 103 masacres aproximadamente cada dos meses que cobraron 697 víctimas. Estas masacres se caracterizaron por ser en su mayoría pequeñas y dirigirse principalmente a víctimas que fueran militantes políticos (Suárez, 2007).

En relación a lo anterior, es importante señalar la masacre de Segovia, acontecida el 11 de noviembre de 1988 y que tuvo como consecuencia más de 40 personas asesinadas y aproximadamente otras 100 heridas. Esta masacre fue protagonizada por las Farc, el ELN en complicidad de la policía y el ejército y surgió debido al interés por el territorio en el cual se encontraba, siendo uno de los primeros productores de oro (García-Arboleda, 2010).

Para continuar, es importante nombrar la masacre de La Rochela que es un municipio colombiano ubicado en Santander. Esta masacre aconteció el 18 de enero de 1989 llevado a cabo por un grupo paramilitar en el cual las víctimas fueron aproximadamente 15 funcionarios judiciales que se encontraban investigando en el momento delitos judiciales en el municipio. Este crimen sucedió como una alianza entre los paramilitares, narcotraficantes y miembros del ejército (García-Arboleda, 2010).

Así pues, se hace alusión a la masacre de Mapiripán que es un municipio del Meta, la cual ocurrio entre el 15 y 20 de julio de 1997 y alrededor de la cual no se conoce el número exacto de victimas. Esta masacre fue producida a mano de paramilitares originarios de diversas partes del país, lográndose identidicar a las AUC como los victimarios; el objetivo de esta masacre era culminar trabajos relacionados con la fumigación de plantaciones de coca, siendo un trabajo coordinado junto con la policía antinarcóticos y con la finalidad de dar una lección a las guerrillas (García-Arboleda, 2010).

Otra de las masacres acontecidas en el territorio colombiano fue la masacre del Alto Naya en abril del 2001 por 500 hombres de las AUC los cuales atacaron estas comunidades bloqueando el acceso a la región en sus celebraciones religiosas. En este acontecimiento fueron asesinadas aproximadamente 40 personas de comunidades afro, indígenas y campesinas con el fin de dar un mensaje en el cual se quería dar a entender a estos individuos que se encontraban ubicados en una zona de explotación minera que era de interés de comerciantes. Además de lo anterior, 3.500 personas huyeron de este territorio debido a las amenazas de las AUC (Jimeno, Castillo y Varela, 2009).

Alrededor de lo anterior, es importante resaltar que actualmente en Colombia se ha firmado el tratado de paz con las Farc, lo cual implica un proceso en el cual se dejaran las armas y se generara una reintegración de estos individuos a la sociedad. Así pues, es importante señalar que el proceso de memoria histórica y la reparación que se debe llevar a cabo con las víctimas y que se encuentra estipulado en la ley de victimas colombianas el cual con sus principios y su fin de reparar estos resarcimientos a las víctimas propone  el derecho a ser reparadas de manera adecuada, efectiva y transformadora diferenciada por el daño, incluyendo la restitución de tierras, medidas de restitución, rehabilitación, satisfacción, indemnizaciones monetarias y garantías de no repetición en las dimensiones individuales, colectivas, moralistas y jurídico políticas las cuales solo tienen en cuenta a víctimas de desplazamientos posteriores al primero de enero de 1991, gran limitación en torno a las víctimas que fueron violentadas en momentos anteriores.

Referencias

García-Arboleda, J. (2010). Los recuerdos encubridores y la representación de la violencia en la verdad institucional: el registro fotográfico de la revista Semana de la violencia paramilitar en Colombia. Universitas humanística (69), 185-207.
- Leiteritz, R., Nasi, C. y Rettberg, A. (2009). Para desvincular los recursos naturales del conflicto armado en Colombia. Revista Colombia internacional (70), 215-229.
Cortés, C. (2009). Recolecciones sonoras y visuales de escenarios de memorias de la violencia. Revista Antipoda (9), 165-197.
- Jimeno, M., Castillo, Á. y Varela, D. (2009). A los siete años de la masacre del Naya: la perspectiva de las víctimas. Anuario Antropológico, 2, 183-205.
- Patiño, J. (2012). Violencia y conflicto armado en Colombia. Recuperado de https://latierrayelhombre.wordpress.com/2012/04/28/violencia-y-conflicto-armado-en-colombia/

- Suárez, A. (2007). La servicia en las masacres de la guerra colombiana. Análisis político (63), 59-77.

jueves, 15 de octubre de 2015

1. Conceptualización teórica de la problemática, retomando los lineamientos referenciados por el Derecho Internacional Humanitario

La Real Academia de la Lengua Española, define el termino de masacre como la matanza de personas, que están por lo genera indefensas, y que es producida por un ataque armado o una causa parecida. Su especificidad radica en la diferencia y desigualdad de poder entre los victimarios y las victimas, recalcando el papel de vulnerabilidad de las víctimas (RAE, 2014).

Por otro lado, el derecho internacional humanitario (DIH) es un conjunto de normas que, basado en razones humanitarias, trata de limitar los efectos que tiene un conflicto armado, específicamente. Busca proteger a las personas que no participan del conflicto ni de los combates pero que son víctimas directas o indirectas de él (CICR, 2004).

Pero ¿a qué se refiere con conflicto armado específicamente? Se refiere a cuando se ha desencadenado un conflicto y se aplicar de manera igual a todas las pares, sin tener en cuenta quien lo inicio, y no participa cuando se trata de tensiones internas ni disturbios al interior del país (CICR, 2004).
Las masacres originada del conflicto armado Colombiano tendrían aparente cobijo por parte del derecho internacional humanitario, pero así mismo el DIH no plantea ninguna regulación específica respecto a este, e incluso no se declara como un delito penal en los tribunales internacionales.
A partir de la clasificación del derecho internacional sobre los conflictos armados, Colombia específicamente tendría un conflicto armado sin carácter internacional, dado que el enfrentamiento es de carácter exclusivo al interior del país.

A raíz de lo anterior, aunque el DIH no exponga una regulación o referencia explícita a las masacres, la característica consecuencial del conflicto armado colombiano, las transforma en un eje central de protección por su parte, y así mismo el trabajo en la protección de las víctimas; y a partir de esto indagar en las restricciones armamentales y de técnicas militares que se tienen al interior con el fin de prever y cumplir con la protección de los involucrados. 

Referencias

CICR. (2004). ¿Qué es el Derecho Internacional Humanitario?. Servicio de Asesoramiento en Derecho Internacional Humanitario. Recuperado de: file:///D:/Downloads/dih.es_.pdf

RAE. (2014). Masacre. Diccionario de la lengua española, 23a ed. Edición del Tricentenario, [en línea]. Recuperado de: http://buscon.rae.es/drae/srv/search?id=b4tRz1PgjDXX2TRxnWBf